“A mà me dicen que cuento las cosas bonitas… me enrollo mucho hablando. No quiero que mi historia sea superhappy ni tampoco un dramaâ€. Lo dice con su voz dulce, cercana, tranquila, llena de buen humor –y de tacos–.
Montse Navarro RÃos tiene 34 años y es de Valencia. Es Asper Revolution en redes sociales. Y es autista.
“Me gusta dibujar, escribir, leer, jugar a la consola, ver series. Todo actividades muy sociales, como te puedes imaginarâ€, dice riéndose.
Soy autista y esto es el autismo
“Yo tengo un tipo de cerebro que es diferente al común. Percibo las cosas de forma mucho más intensa. Soy muy sensible al tacto, a los ruidos, a la luz, a los olores. Todo me puede resultar abrumador. A otras personas autistas les sucede al contrario, necesitan muchos estÃmulos para sentirlo. Como percibo el mundo diferente y proceso la información de manera diferente, mi comportamiento no va a ser igualâ€.
“Por ejemplo, el tacto, las etiquetas de la ropa… y de niña ni te cuento, era como un infierno. Cada vez que te roza la etiqueta me morÃa, tenÃa ganas de llorar. Cambia mucho de tener ropa cómoda suavecita a no tenerla, estás de mal humor y no puedes hacer nadaâ€.
“Con esto de la pandemia estamos haciendo esta entrevista de forma virtual y yo estoy muy cómoda porque estoy en el sofá de mi casa, no he tenido que ir a ningún sitio. Yo lo paso muy mal cuando me dicen de viajar muy lejos: a Barcelona, a Madrid. Siempre tengo pequeñas crisis en la estación y ya llego tocada y no estoy en mi máximo esplendorâ€, dice riéndose. “Si estuviéramos tú y yo tomando un té en un sitio tranquilo serÃa de puta madre, pero lo malo es llegar hasta allÃ, lo que me encuentre en el camino: obras, lo que sea. Hay dÃas que lo llevo mejor y dÃas que peor. Las multitudes me ponen muy nerviosaâ€.
Soy autista: la rara
“Me diagnosticaron hace nada, hace cinco años. Cuando era pequeña era la rara: esa era mi etiqueta. Hasta los 12 o 13 años no me importaba absolutamente nada lo que pensaran los demásâ€, dice con una sonrisa. “Yo estaba feliz con mis cosas, me gustaban los juguetes que eran miniaturas: me encantaban los ponis, las Polly Pocket. En la pubertad sà que te empieza a importar lo que piensan de ti. Y claro, ahà ya me empezó a afectar el ser la rara, el no estar integrada. Creo que cuando más me esforzaba, peorâ€, dice con una carcajada cómplice. “Cuando me gustaba alguien yo iba muy a saco, sutileza cero. Se me notaba tanto… Yo no sabÃa ese juego de los neurotÃpicos –los no autistas–: se te tiene que notar que te gusta, pero no mucho. Los neurotÃpicos no son tan directos como nosotrosâ€.
“HabÃa mogollón de mierdas que cumplir y era muy cansado, asà que en el instituto me reinventé: voy a ser la rara con todas las de la ley. Lo disfruté más, no me puedo quejar. En el instituto habÃa rumores mÃos de que si bebÃa sangre humana, era la época de los vampiros de Anne Rice, que si hacÃa rituales satánicos. Yo vestÃa asà en plan gotiquilla y tal con collar de pinchos, uñas negras. Me sentÃa bien porque no es que era la rara, era la chunga y me gustabaâ€, dice mientras se rÃe de manera tierna e inocente. “No lo voy a negar, a mà me molaba ser la chunga para tener una barrera con los demásâ€.
“Ha habido épocas en que yo me he sentido orgullosa de decir soy la rara, joder, qué guay porque nadie más es como yo. Otras veces ha sido por qué tengo que ser tan putamente rara, estoy harta. Estoy cansada, quiero dejar de ser rara, solo quiero tener una vida normal y ser normal y demás. He oscilado entre esos dos extremos y ahora a estas alturas no estoy ni en un extremo ni en otro. Me he reconciliado mucho con la palabra rara, para mà ha sido un salvavidas, no muy acogedor al principio, pero lo ha sidoâ€.
“Y ahora aunque me sigan describiendo asà y siga identificándome en cierta medida con la palabra rara, al conocer a otras personas autistas ya no te ves tan rara. Vale, no es que fuera rara, es que no habÃa conocido al grupo de gente que coincidÃa tanto conmigoâ€.
Autista: no sé hacer amigos
“En el colegio tenÃa una mejor amiga, la que tampoco se integraba muchoâ€, dice con su sonrisa tierna. “Yo me di cuenta de que no sabÃa hacer amigos en la facultad. En el instituto hice más amigos, pero los hacÃa mi amiga y luego venÃan a mÃ. En la facultad estuve un año completamente sola. Hasta que me di cuenta, mucho, mucho, mucho después, que dije me falta algo… ¡es un grupo de gente!â€, dice con una carcajada. “No habÃa sabido hacer nuevas amigas, me quedé supersolitaria. Entonces me di cuenta: tú no sabes hacer amigas, ¡te las habÃan dado hechas! Me sentà un poco estúpida por no haberme dado cuenta antes. Preguntaba cómo hacer amigas y me decÃan que era superfácil. Pues vale, dime cómo, pues haciéndolo… y yo no lo pillaba. Me agobié bastante, la verdadâ€.
“Al final conseguà por mi cuenta amigas. TenÃa y tengo interés por la literatura y el género fantástico y conocà a una chica por internet chateando que tenÃa una asociación de fantasÃa épica. Mi vida social actual parte de ella, he conocido a más amigas a través de ella. A mà el tema virtual me ha venido muy bien para tener vida social en internet y a partir de ahà fuera de lo virtual también. El tema virtual se me da mejor, en internet tengo más tiempo para pensar mis respuestas y no pueden malinterpretar mis gestos. He estado trabajando de cara al público y me han insultado por las caras que pongo, las expresiones. A veces paro un segundo porque no entiendo lo que me dicen y no sé qué cara pongo pero me decÃan cosas como: ¿crees que soy imbécil?â€.

Salud mental: familia y autismo
“Yo no tengo tratos con mi familia salvo con mi hermana. A mi padre hace 15 años que no lo veo. Vengo de una familia desestructurada, asà chunguilla y tal. En el colegio intentaron hacerme bullying pero yo era muy chuga, venÃa de un ambiente hostil en mi casa y era más difÃcil que se metieran conmigo por esoâ€.
“Mi madre me ha dicho robot sin sentimientos varias veces. Eres niña y si esto te lo ha dicho tu madre tiene que ser verdad, y sobre todo yo, que me lo tomo todo tan literal. Tú vas creciendo con eso, es como si crecieras con una astilla ahà metida. Es complejo, yo sentÃa muchas cosas, tenÃa muchas emociones, pero las emociones que ella esperaba yo no las mostraba y era un batiburrillo muy confuso, he estado confusa mucho tiempoâ€.
“Mostrar amor y afecto, por ejemplo… Es que no me quieres porque no me abrazas, no me besas, me decÃa mi madre. Es que no me quieres, qué mal estoy porque no me quieres. Me hacÃa chantaje emocional y una mente como la mÃa se lo toma literal y es muy jodido. Ella reclama algo que yo no le puedo dar, es duro que te exijan algo que no puedes dar, lo das de otra forma que no se está valorando. La cantidad de amor que te estoy dando es la misma pero la forma en la que te lo doy no es la que quieres. A mà los besos y abrazos me abrumaban, me molestaban, pero igual te hacÃa un dibujo o te escribÃa un cuento… pero eso no contaba y era muy duroâ€.
“Yo me autolesionaba. A los autistas nos cuesta identificar las emociones propias y las ajenas, y yo entonces no sabÃa decir esto y me autolesionaba. Hay autistas que se golpean en la cabeza y yo me cortaba. Con 20 años tuve una crisis muy grande, yo no sabÃa si iba a salir de ese hoyo, incluso tuve alucinaciones auditivas. Me diagnosticaron depresión y ansiedad. Estaba sufriendo, tenÃa un dolor intenso por dentro que no sabÃa expresar y autolesionándome me ayudaba a expresarlo de alguna forma. Era un alivio momentáneo, luego no, claroâ€.
“Como autista vives un camino diferente al que vive otra gente y yo no puedo separar ahora mismo el autismo de la sociedad en la que vivo: ser autista en esta sociedad es jodidillo, por eso mi depresión crónica y la ansiedad tienen que ver con ser autista además de con mi origen familiar, con los traumas infantilesâ€.
Confederación Autismo España presentó en 2017 las siguientes cifras: 7 de cada 10 autistas presentan trastornos de salud mental, el 57% del colectivo presenta depresión y el 54% ansiedad. La Confederación afirma que estas cifras pueden ser fruto de que los autistas se desenvuelven en un entorno que no se adapta a sus necesidades… El entorno, la sociedad que dice Montse.
Diagnóstico de autismo siendo una mujer adulta
“Cuando me llegó el diagnóstico fue un batiburrillo de sentimientos superintenso. Hay mucha información de mierda en internet, te llegan mensajes muy chungos de lo que es ser autista. Pero luego el diagnóstico tiene también la fase de ¡ay, joder, qué bien estoy, por fin tengo respuestas! Tengo a gente que ha pasado lo mismo que yo, no soy la única, no soy la rara, y eso para cualquier persona es muy importante. Hasta los autistas somos seres sociales aunque socialicemos de una forma diferenteâ€.
“El diagnóstico ha sido un antes y un después, he reflexionado mucho sobre quién soy y cómo interactúo con los demás; el diagnóstico me ha ayudado a ser mejor persona. Con los valores que me habÃa inculcado mi familia yo iba muy desubicada, tenÃa reacciones muy violentas en el instituto, y con el diagnóstico me di cuenta de que querÃa ser la mejor versión de mà misma: querÃa ser buena persona. Sin el diagnóstico todo era confusión, no puedes ser ni buena ni nada, vas a la deriva. Ahora sé mejor quién soy, mi diferencia con los demás, la posición que ocupo en el mundo y esto me permite tomar decisiones que me ayudan a ser mejor persona. El diagnóstico es como un mapa. Yo antes lo tenÃa pero no sabÃa mi ubicación. Ahora sé cuál es mi ubicación, de dónde vengo, a dónde puedo ir, por dónde tengo que pasar para ir a algún sitio. Es una orientación totalâ€.
Ya ubicada, Montse se rebeló contra los mensajes chungos sobre los autistas que hay en internet y creó sus perfiles de Asper Revolution en redes sociales para hablar de autismo. “Ahora hay muchÃsima gente autista hablando de autismo y me alegro mogollónâ€. También forma parte de Cepama, una una asociación de mujeres autistas. “Somos un grupo de mujeres muy diferentes, cosa que creo que es buena. Somos todas autistas menos una, que es madre de una autistaâ€.
Problemas en el trabajo de una autista
“Me siento incomprendida a diario por el tema sensorial, por mi manera de percibir el mundo. No me siento incomprendida por mi marido, pero sà en los trabajos y fuera de casa. Antes del diagnóstico como mucho duraba un año en los trabajos. Se te acababa el contrato y no te volvÃan a llamar o no pasaba los periodos de prueba. También es verdad que no se puede culpar solo al autismo, a mà me tocó la crisis económica del 2008 y todo lo que vino después. Ha habido un contexto socioeconómico muy jodido y ser autista ha influido, mi suerte era un poquito peor que la de otra mucha gente que también estaba jodida con todo lo que estaba pasando. A lo mejor yo no trabajaba mal, pero habÃa gente que trabajaba mejorâ€.
–Perdona, Montse, para un segundo, tengo que poner a cargar el móvil –le digo.
–Claro, no hace falta que me pidas perdón, conmigo nunca tengas prisa, jamás voy a exigir yo prisa a nadie.
Montse no exige prisas, ella hace las cosas lento y eso choca con nuestra sociedad hiperacelerada. Es uno de los motivos por los que ha padecido tantas malas interpretaciones, tantos malos entendidos en sus trabajos. “Hasta que no tuve el diagnóstico ni el certificado de discapacidad he estado rotando por muchos sitios y muy malamente. Ahora ya llevo más de dos años en un centro especial de empleo. En estos centros hay un porcentaje elevado de gente que tenemos discapacidad. Yo trabajo en un parking y a mà me viene muy bien. Tengo que atender la taquilla, hacer el mantenimiento básico de que todo funcione correctamente y labores de limpieza. A mà no ver la luz del sol en todo el dÃa no me preocupa, me satura muchÃsimo menos, asà el ratito que estoy al sol lo disfruto. No interactuar con gente también es agradable. Para mà es la interacción ideal: me relaciono cinco minutos con los compañeros cuando cambiamos el turno. Estoy sola muchÃsimo tiempo y me hace muy bien. Asà cuando estoy con mi marido, mi hermana, mis amigas lo disfruto porque no estoy saturada de interactuar con gente. Tengo ratitos de desconexión, tiempos muertos en los que me pongo a dibujar, escribir, leer y me ayudan a aguantar toda la jornada laboral. Las pausas de los neurotÃpicos en los trabajos son socializantes y está más o menos bien visto que te pongas a hablar con tu compañero. Yo he trabajado en oficinas y lo he visto, pero no está tan bien visto que aproveches esa pausa y saques tu libretita para ponerte a dibujar apartada de los demás. Esas conversaciones yo sé que os sirven para cargar pilas, para desconectar, pero a mà eso me cansa todavÃa más, por eso tengo que tomarme ratitos para mÃ. Yo antes llegaba tan cansada del trabajo que me tenÃa que ir a dormir y ahora no. En el trabajo estoy bastante guay, la verdad. Estoy estudiando también oposiciones para trabajar en bibliotecas, yo me he criado en bibliotecas, soy usuaria de bibliotecas, trabajar allà serÃa el topâ€, dice riéndose.

Soy autista y estoy bien
“Yo no quiero cura, quiero un mundo mejor, no se puede curar una cosa que no está rota, es una cosa que funciona de una manera diferente. Tú a un gato no puedes convertirlo en perro, lo que tienes que tener es un entorno que no sea hostil. Un mundo mejor no es arcoÃris y florecitas, el mundo que vivimos es muy hostil para tantÃsima gente… y no solo autistasâ€.
“A mà hoy me siguen viendo como la rara, maleducada, también me ven tonta porque soy lenta, pero a mà no me importa mucho. Me supone más mal lo de maleducada porque cuando he tenido malos entendidos yo no querÃa ser una faltona con esa personaâ€.
“A mà me gustarÃa que la sociedad me viera como una persona. Con el autismo te pueden deshumanizar bastante. Soy una persona con sentimientos, emociones, aspiraciones, errores, defectos. Me gustarÃa que esto no se olvidara y que yo he sido mala persona también, no soy un angelito azul. Soy todo lo que conlleva ser una persona, no soy un robot sin emociones como a veces puede parecer. Las cosas me afectan. Asà es como me gustarÃa que me vieran, como un ser humano concretoâ€.
“Mi reflexión más importante de mi vida tiene que ver con el amor. Yo he tenido depresiones muy grandes pensando que nadie me querÃa y que no merecÃa el amor de nadie, y no te hablo del amor romántico, te hablo del amor en general. Lo he pasado muy mal con eso, pero ya no. Yo ahora a la niña que fui, y que no se sintió amada, la quiero y la quiero mogollón. Ese es el trato que me doy a mà misma y por mal que lo haya podido pasar he llegado a un presente en que estoy bien, estoy a gusto. ¡Joder, es que estoy bien!â€, dice tierna y divertida. “Es que es muy fuerte en realidad, para mà ha sido toda una odisea llegar a este punto. Todo el mundo merece poder tener la esperanza de que vas a poder estar bien, desde luego mereces estar bienâ€.
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Ana Hernandez
Directa, amorosa ,sensible, con su cabeza muy clara y sus planteamientos,sinceros, honestos y humanisimos.Una persona como ella misma se define distinta pero clara en sus ideas.
Eres una auténtica artista pero con una gran vivencia personal y enriquecida
F e r m i n Romero de Torres
Ja, ja, ja. Cómo me he reÃdo encontrando a Montse en este artÃculo tan bueno.
Si es que es una joya de persona. Ese aderezo que le pone a las frases «Putamente» me hace sonreÃr.
Tampoco sé hacer amigos, me los dieron hechos también. Sin embargo no era directo con las chicas que me gustaban por miedo al rechazo.
Por otro lado era demasiado directo con mucha gente. Si a alguien le daba corte hablar con el rector de la Universidad a mi «plim», solo son personas y esas que se creen por encima a veces son bastante estúpidas.
«Ser autista en esta sociedad es jodidillo»
Winnie
¡Gracias por lo que compartes, FermÃn!