“Ahora vivo en una casa con chimenea. También tengo barbacoa y la enciendo. Mira, esta foto es de una barbacoa que hice el otro día”, me enseña el móvil; él, tan contento, rodeado por sus primos y amigos, cerveza en mano y atendiendo a la barbacoa. “Cuando me dieron el alta fuimos a Andújar y puse el fuego yo”.
“Puede que estudiar para bombero haya ayudado. Es la coña, que llevaba cuatro años preparándome. Estudiaba turismo y opositaba a bombero a la vez. Quise volver a hacerlo y ya no pude, pero no me importó. Terminé la carrera, hice dos másteres y me dedico al márketing”.
“Me llamo Álvaro Trigo Puig, tengo 32 años y soy de Madrid. No me cambiaba yo ahora por no tener cicatrices, no me gustaría no tenerlas, pero esto no quiere decir que volvería a pasar por lo mismo”.
10 o 20% de posibilidades de sobrevivir
“En 2018 tenía 23 años y tuve un accidente en un incendio. Me quemé. Estaba en Andújar en la casa de campo de mi abuela y encendí la chimenea. Estaba solo. Fui a la cocina y al volver estaba ardiendo el salón. Intenté apagarlo”.
“El 63% de mi cuerpo se quemó: los dos brazos, la espalda entera, las piernas por detrás, tobillo, rodilla. Conseguí salir corriendo hasta casa de mis tíos, que está como a ochocientos metros. Ellos sí estaban y llamaron a la ambulancia, a los bomberos y a todos”.
–¿Se sabe qué pasó?
–No, debió de ser una chispa.
“Ahí no me dolía nada, pero cuando vi a los de la ambulancia nerviosos dije a ver si va a ser grave. En la ambulancia me empezó a doler y mi último recuerdo es que me ponían una vía. Después fundido a negro. Me despierto a los diez días”.
“Me llevaron a Sevilla en helicóptero a la UCI del Hospital Virgen del Rocío. A mi madre le dicen: tiene de 10 a 20% posibilidades de sobrevivir. Seis meses antes de mi accidente murió mi hermana pequeña en accidente de tráfico con 20 años”.
“Estuve diez días en coma y parecía que no salía, pero tuve suerte y salí. En quemados nunca estás fuera de peligro hasta que sales del hospital por las infecciones, porque yo no tengo piel y eso hace que te puedas infectar con más facilidad. En total estuve cuatro meses en el Virgen del Rocío. Mis padres se tuvieron que mudar y a mi hermano, que tenía 17 años, lo cambiaron de colegio a uno de Sevilla”.
“El tratamiento… al principio me cogen piel del muslo y la tengo en brazos y manos (me enseña mientras habla). También me ponían piel de donante, de muerto, y es muy desagradable porque el cuerpo la rechaza, las curas son horribles. A mí me daba mucho miedo”.
“Después tuve muchísima suerte porque justo en el hospital acababan de empezar un tratamiento experimental de piel cultivada, ahora lo llaman piel artificial. Necesitaban a alguien con más del 50% quemado y yo era el candidato perfecto. Me cogían un cuadradillo de mi piel, lo llevaban a Granada y de ahí sacaban metros y metros”.
“Trece operaciones y una más cuando salí, pero esa fue mínima. Las operaciones siempre para poner piel y limpiar las heridas. Ah, y las operaciones de piel cultivada, que me dijo mi madre que a la primera igual entraron a quirófano cuarenta personas”.
Morir o no morir
“Cuando me despierto del coma estaba drogao hasta arriba. Me acuerdo de ver todo a cámara lenta. No podía hablar. Es progresivo lo de despertarse. Mis padres me dijeron estás muy bien y en un año tienes la maratón de Sevilla para correrla”.
“Cuando te suben a planta dices joder, vaya movida. Sobre todo miedo, ves tu cuerpo vendado entero y ahí es donde duele. Un dolor que alucinas. Te meten como en una salita de cristal por el tema de las infecciones”.
“Lo importante para mí fueron los enfermeros, que estuvieron pendientes de mí y de mis padres. Hasta se hicieron amigos y al salir del hospital hablaban con mis padres y me hacían seguimiento, pero de esto yo entonces no sabía nada. Mis amigos, que vinieron a verme, también fueron muy importantes para mí”.
“Estaba seguro de que me iba a morir y encima sufriendo. Quería que mi madre me grabara un vídeo pidiendo la eutanasia. Al final no lo grabé, mi madre me dijo intenta agarrarte a la gente que tienes. Aquí hay gente ingresada y no viene nadie a verles. Intenta agarrarte a eso”.
“Yo me quería morir todos los días durante las dos o tres primeras semanas. Me dolía todo y no le veía sentido a pasar ese sufrimiento. Todo eso me cambió por los enfermeros y la gente que me venía a ver. Y la religión. Yo era creyente y ahí perdí la fe del todo, pero luego la recuperé. Piensas que las cosas están en manos de algo más grande que tú y eso te quita bastante carga”.
El espejo y el maratón
“En el hospital no hay espejos. Solo me había visto los brazos y no sabes cómo era… muy desagradable. Cuando salí pesaba 59 kilos. Entré con 85. Esto no lo sabía porque estaba en la cama”.
“El primer espejo en mi casa. Me veo ahí. Coño. Ostras. Me quedé preocupao. Esto va a ser una movida. Rehabilitación mucha. Cuando te dan el alta empieza otra película. Tenía pánico porque veía a gente que se había quemado y estaban mal. Con las cicatrices se retrae y pasa un año y medio para volver a romperte la piel. Estuve cojo de esta pierna un año. Seguir sufriendo. El equilibrio lo pierdes, el no caerme andando”.
“Me dan el alta a finales de mayo y ese verano estuve tumbado muy medicado, sangrando, no podía andar mucho. Mis padres me dijeron tú eres una persona normal y como te estemos cuidado, aquí te vas a quedar… Ahí fue cuando me surgió la idea. A final de verano les dije que me iba a apuntar a la maratón de Sevilla. Mi obsesión fue correr esa maratón, ya había corrido tres y un ironman”.
“Me ayudó prepararme para la maratón. Al principio andando en la cinta, pesas. Si haces ejercicio las heridas se abren más. Creo que de verte tan mal cuando ves que vas cogiendo cuerpo, fuerza… Es frustrante pero a la vez mejoras, es progresivo. Y que en mi caso que ha salido todo muy bien, he tenido mucha suerte y no le pasa a todo el mundo. La aceptación me fue saliendo sola, sin haber hecho yo un trabajo. Me puse el objetivo de la maratón y me ilusionaba tanto que estaba dispuesto a pagar cualquier precio”.
“Qué locura el primer día que corrí”, dice con una sonrisa que no le cabe en la cara.
“Llegó el día, corrí la maratón y la acabé. Fue la leche. Vinieron del hospital a verme. Fue justo un año después del incendio y yo les llevé la medalla al hospital”.

Retos solidarios
“¿Y ahora cómo vivo? Cuando llevé la medalla al hospital conté mi historia, luego me hacían videollamadas con gente que estuviera quemada. Esto fue como poner un broche, pero yo tengo que seguir viviendo”.
“No hay que buscar sentido a por qué tú sobrevives y otros no. No te vas a estar fustigando pero sí le puedes dar un sentido: he sobrevivido y voy a aportar algo. Casualmente mi tío había creado una ONG pequeñita, Formación Senegal, y pensé, voy a hacer algo por esta ONG”.
“Al principio no me podía dar el sol, así que en vez de ir a la playa me fui a la piscina cubierta del gimnasio. Así nació mi primer reto para la ONG de mi tío: nadé dieciocho kilómetros de Formentera a Ibiza. Lo hice el 28 de agosto de 2019. Fue chulísimo. La leche. Muy, muy, muy muy guay”.
“Los retos solidarios los enfoco siempre a la ultradistancia y cada uno lo dedico a una causa, ya sea una organización o una persona. A partir de ahí empecé a hacer uno o dos retos al año como nadar de las Islas Cíes a Vigo con los pies encadenados, subí el Kilimanjaro, el Montblanc y a los quince días el Estrecho de Gibraltar nadando”.
“Soy del Betis y cuando estuve ingresado el club se portó muy bien conmigo. En 2021 un chico se había quemado y le tenían que amputar. Las prótesis buenas son carísimas y el Betis me pidió ayuda. Corrí desde casa de este chico, que es de Ubrique, al estadio del Betis”.
“Otro reto, también para la ONG de mi tío, fue ir en kayak de Valencia a Ibiza. Este no se logró porque nos cogió una tormenta, pero sí conseguimos la recaudación que nos habíamos propuesto”.
“Los retos se me ocurren a mí, es una manera de llamar la atención para conseguir fondos. Parecen deportes individuales pero no he hecho nada solo. El 12 de mayo, para la Fundación Aladina, corrí desde el acueducto de Segovia hasta el Hospital Niño Jesús de Madrid. Mi madre me iba avituallando. Dos compañeros de trabajo me acompañaron, uno hizo la ruta completa de 111 kilómetros y otro 50. Cuando llegamos nos estaban esperando amigos, familia, gente de la fundación y un montón de compañeros de trabajo”.
“Entreno casi todos los días y me considero más aventurero que deportista. Nadar y correr es lo que más me gusta”.
Buena relación con la muerte
“Me miran mucho. Lo llevo bien, lo entiendo, la gente no te mira a malas, te mira porque hay una cosa diferente. Ahora no tengo novia pero he tenido, nunca me he sentido rechazado. He tenido siempre buena respuesta de la gente. Soy consciente de que hay gente que está muy sola y de lo afortunado que soy”.
“Llevo muy mal el victimismo en mí. Lo entiendo en el resto porque es muy duro, pero quiero creer que siempre puedes hacer algo. Tuve dificultades, momentos críticos, sufrí y soy muy consciente de que a veces pones de tu parte y no sale, pero a mí me salió. Tenía un objetivo y una meta clara y eso me ilusionaba”.
“No me siento solo. Tengo mucho amor, de mis amigos y mi familia sobre todo. Necesito saber que me quieren y que yo les quiero. Somos veinte primos, yo vivo con uno de ellos, y estamos muy unidos. Mi familia es una coña constante. Nos insultamos, yo también a ellos. Nos metemos mucha caña y luego lo agradeces por no tomarte las cosas tan en serio, aunque lo sean. Me buscan las cosquillas, se meten con las cicatrices y yo me meto con ellos”.
“Si esto que te estoy contando puede ayudar a alguien, vuelve a tener sentido que haya sobrevivido. Me siento bien, en equilibrio, soy feliz. Mi mayor miedo es que se mueran mis padres, mi hermano. Sueño con viajar y seguir haciendo retos. Tengo un montón de carreras que quiero hacer, aventuras que tengo en mente pero que cuestan una pasta. La música y el deporte son mis grandes pasiones. Los Rolling y Oasis son mis grupos favoritos. Sueño también con tener una vida estable”.
“Me gustaría que me vierais como una persona normal, ni pobrecito que se ha quemao ni con pretensión de mira ahora lo que hace… Sobre todo porque enseguida decepciono”, dice riéndose, “me vais a ver liándola seguro”.
–¿Ha cambiado tu relación con la muerte?
–Pienso más en ella y de una manera más amistosa. Ya con mi hermana tuve acercamiento y con lo mío… Tengo muy buena relación, es una cosa natural. Tengo muy interiorizado que vivo en una prórroga y me siento afortunado. Me lo tomo distinto. Al principio pensé si salgo de aquí cómo salgo.
“Mi reflexión más recurrente es la fragilidad y tomar conciencia de la dimensión que tiene el mundo. Para mí hay dos valores muy importantes: el esfuerzo y la fidelidad a ti mismo, a lo que quieres hacer y no engañarte. He aprendido que la vida es un 30% lo que te pasa y un 70% las decisiones que tomes luego. Puede que no sea así pero prefiero pensar esto”.
“Sé que pienso diferente. No me siento solo pero a veces sí incomprendido por la relación con la muerte, por mi filosofía de vida. Me encantaría morirme de un paro cardiaco en mitad del desierto y no en el sofá durmiendo la siesta. Cuando dices esto parece que te quieres morir y es justo lo contrario, quiero vivir cosas. Disfruto la aventura donde un error es una liada muy gorda. Esto tiene una parte de felicidad, de estar vivo, de estar presente. Por eso te digo que me llevo muy bien con la muerte”.
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