“Soy Lucía Molinés y soy de Albacete. No he salido de aquí para nada. Tengo 29 años”.
“Tengo una mente que no para. Soy un terremoto en general. Ser neurodivergente creo que es un cerebro que funciona distinto al resto. La sociedad está hecha para un tipo de cerebro y hay una brecha con la sociedad”.
“Tengo TDAH inatento, que es un TDAH sin hiperactividad. La hiperactividad es que eres impulsiva y yo eso no lo tengo, menos mal. En mi caso es más problemas de atención. Soy muy nerviosa y muy activa, aunque esto me viene más por las altas capacidades. Sobrerreaccionamos a ciertos estímulos motores (me muevo mucho), emocionales (altibajos), imaginativos, intelectuales (te interesas por muchas cosas)”.
“Lo primero que me diagnosticaron fueron altas capacidades, fue en 2022. Fui buscando un diagnóstico porque conocí a una persona, quien ahora es mi pareja, con altas capacidades y me cuadraba lo que me contó. Yo tenía problemas para estudiar y pensaba es mi culpa, soy una floja y todas esas cosas”.
“Creo que unos diagnósticos han enmascarado a otros, se mezclan unas cosas con otras y no vieron nada ni en el colegio ni en el instituto. Los últimos años pensaba igual no tengo las mismas capacidades que el resto. Igual no me esfuerzo”.
“Después de las altas capacidades me diagnosticaron trastorno de la ansiedad generalizada y después el TDAH, que en mi caso es muy bestia”.
“Si tuviera que definir las altas capacidades, diría un cerebro que te funciona muy rápido. Eso tiene otros problemas porque te cuesta más rendir. Yo tengo la mente muy activa. Es importante que se diagnostique para dar respuestas. Hay personas que huyen de las etiquetas pero hay que hablar de nuestras dificultades. Por ejemplo, yo tengo dificultades para estudiar, que ahí las altas capacidades se me juntan con el TDAH. Hay personas que pensaban que eran tontas por no poder funcionar como el resto. Yo en algún momento también lo he pensado. Y ser la rara en clase también. Bullying en el instituto, no muy bestia, pero bullying. Se metían conmigo los profesores, de no haces nada. Hice todo lo que pude por encajar”.
“El diagnóstico de la ansiedad me vino porque mi psicóloga quería ver si tenía estrés postraumático porque he sufrido agresiones sexuales. No lo llegó a diagnosticar pero sí que era una persona ansiosa. Vi que tenía normalizadas cosas como que un día estoy más ansiosa y me cuesta respirar o tener dolor en el estómago por cosas absurdas”.
TDAH inatento, ansiedad, altas capacidades y las limitaciones
“Con el TDAH me saturo enseguida con los estímulos. A veces te cuesta hacer cosas, aunque sean simples tu cerebro se niega. Sabes que tienes que hacerlo y no puedes. Tienes que hacer un esfuerzo, como si tuvieras un bloque de hormigón encima y tuvieras que quitarlo. Y qué hago, por dónde empiezo. Te paralizas y no haces ná. Con sobrevivir día a día voy ya por encima de mis posibilidades”.
“El TDAH es no tener energía para hacer cosas. A veces te cuesta mucho funcionar. A veces algo pequeño estás mentalizándote hasta que dices cojo y lo hago. Venga, que yo puedo. Y así cada vez que tengo que hacer cualquier cosa. Es una batalla interna y constante por funcionar. La vida a veces te consume mucho, solo sacas fuerzas para hacer algo que sea pequeño. Que te cueste todo vivir. Hago cualquier cosa y me canso”.
Un ejemplo de lo que está contando son las fotos que le pedí para acompañar este texto. Quedamos en que se lo recordara. Lo hice varias veces y nada. Le dije que le robaría una foto de Instagram y que no pondría ninguna imagen más en su historia como una manera de ilustrar (aunque sea no ilustrando) lo que le cuesta hacer cualquier cosa. Entonces le entró el agobio:
–¡Ay, te busco una foto, aunque sea en un rato, perdona!
–Tranquila, que no hace falta, es un ejemplo muy real de tu TDAH.
–Jajaja, también es verdad.
–No te agobies, que no es un problema.
–Gracias (y un bonito corazón rojo).
Así quedó la cosa (y su historia) hasta que días después me envió sus fotos con un mensaje: “Puede que tuviese alguna foto mejor por ahí, pero si rebusco más ¡igual ya sí que no mando nada nunca!”. He aquí la explicación de por qué finalmente sí hay fotos en su historia.
“Mira, el sábado por la mañana fui a tomar un café y por la tarde a una concentración sobre los derechos trans con una asociación que estoy (ACEs) y ya está. Llegué a casa a cenar y no puedo. Había que poner la mesa y ni podía levantarme. El domingo estar en mi casa que no podía, durmiendo muchísimo. A veces me consume energía salir de mi casa”.
“Con la psicóloga hice una lista de qué cosas me quitan energía, me quitan cucharas de energía, y es cualquier actividad: vestirme, fregar los platos, estudiar, trabajar. Espérate el día que trabaje ocho horas diarias. Me da miedo no poder o tener que pasarme el resto del día durmiendo para poder recuperarme y volver a trabajar al día siguiente y que mi vida sea solo eso”.
“Hice prácticas de monitora un mes y pico. Cada día iba pudiendo moverme menos. Los últimos días llegué a sentarme en una silla y que no se notara mucho que no me podía mover. Joder, por qué no puedo. Eso fue antes del diagnóstico TDAH. Por qué no puedo hacer lo que hace todo el mundo”.
“En los estudios he sido más bien una inútil. Muchos problemas para estudiar por el TDAH y la falta de atención. Si he ido sacando cursos es por las altas capacidades. Como que una compensa, enmascara, a la otra. No me fue muy bien pero podía haber ido peor. He logrado sacarme dos ciclos formativos de riesgos laborales e igualdad de género. Intenté estudiar psicología por la Uned y fue imposible. Estuve cuatro años hasta que dije, mira, es que no puedo. Hay que asumir que no. Otra cosa de las altas capacidades es que cuesta encontrar un trabajo que te guste. Tenemos altibajos emocionales y no es fácil encontrar algo que te guste, que no te queme, donde poder desarrollarme”.
“A mí me gusta aprender de cosas pero soy incapaz de leer libros. Un año para leerme un libro tamaño normal, nada de grandes. Mucho esfuerzo cognitivo”.
–¿Vas a poder leer tu historia?
–Más o menos.
“Con el TDAH también tenemos problemas para hacer hábitos. Uffff, una barbaridad. Quiero hacer deporte, me gustan las artes marciales. Lo he pasado mal intentando ir, ¡si no hago nada en todo el día! Tengo que ir, no puedo faltar más. Te sientes culpable, lo pasas mal”.
“Antes estaba intentando sacarme una oposición. Solo estudiaba por la mañana y mi psicóloga me decía que en mi caso iba que me mataba porque necesitaba descansar por la tarde”.
“Ahora un día normal para mí es jugar un poco videojuegos o grabar un vídeo para redes. Los días que funciono mejor hago activismo o escribo medio párrafo, me gustaría escribir un libro porque tengo muchas divergencias. Por la tarde quedo con mi pareja y descansar”.
“Tengo episodios de mutismo. Esto es que tienes tal sobrecarga de estímulos que dejas de procesar las cosas, el cerebro como que te va más lento. A lo mejor solo puedo decir monosílabos o ni eso”.
“Lo que más me afecta es el déficit de atención porque es muy bestia. No puedo hacer nada. Ahora estoy sin hacer nada y aun sí no puedo. No funciono. Vivo con mis padres. Es una preocupación constante, qué hago con mi vida. Si no trabajo, no hay ingresos. Tampoco he trabajado nunca y no puedo decirte, a día de hoy no sé si me veo capaz de trabajar. Intentar a ver si pido la discapacidad”.
“Deberíamos normalizar más los cuidados. Puede que yo sea más una carga pero también es mi derecho estar en el mundo y ocupar espacio”.

Pastillas, relaciones, activismo
“Hace un año que he empezado a tomar pastillas y está un poco mejor la cosa. Pastillas para la ansiedad, también antidepresivo. En mi caso hace que no rumie tanto. Me acuerdo que cuando tomé la primera pastilla pensé qué le pasa a mi cabeza que no está hablando sin parar. Era raro. De momento voy bien con ellas, peto muchísimo menos, soy más feliz”.
“He tenido que acabar en una psiquiatra privado, gastarme los cuartos para que me hagan caso. Tengo cita la semana que viene para que me dé pastillas para el TDAH y poder empezar a funcionar con la vida. Mi psicóloga también es privada. No me he sentido comprendida ni acompañada a nivel sanitario en la seguridad social”.
“Intento ver dónde están mis límites, antes no sabía dónde estaban porque, al no tener diagnósticos en condiciones, estaba dando tumbos. Veo que tengo muchas dificultades. Hay una brecha entre cómo funciono yo y el resto. Mi caso de TDAH es muy bestia, soy muy disfuncional, por eso ahora quiero confiar en las pastillas aunque no sean la octava maravilla, pero así no puedo estar”.
“He tenido grupos de amistades que nos hemos acabado separando porque no entendían mis neurodivergencias. Todo mi entorno ha sido muy normativo. Ahora mismo voy teniendo gente con la que estoy bien. Me ha costado mucho. No es fácil tener amistades, no te entienden. Estoy creando un grupo con gente neurodivergente para hacer un poco de piña, que es otra forma de socializar, de entendernos. Yo no he tenido amistades normales: alguien que te trate bien y con quien poder hablar y compartir, con quien estar a gusto. La gente no entiende las neurodivergencias y esperan cosas de ti que no puedes o sueltan comentarios como todos tenemos un poco de TDAH. No, todo el mundo tenemos dificultades pero los que tenemos TDAH más. A ti no te incapacita para tu día a día ni te afecta en tu calidad de vida”.
“Lo peor es cuando son paternalistas contigo. Es como tú no funcionas bien, tengo que enseñarte cómo funcionar. Yo sé cómo funciona la vida, pero no doy abasto. O nos molesta cómo funcionas, queremos que seas neurotípica. No te lo dicen con estas palabras, pero es esto. Cuesta mucho socializar”.
“Creo que mi familia no lo entiende y que les da miedo preguntar o decirme. Es verdad que a veces les he contestado mal. Me siento diferente, desde luego, pero tampoco me importa. No deberíamos ser todos de la misma manera. Aceptar cómo es cada persona. Si tiene más dificultades, adaptarnos más a esa persona. Si no te adaptas a mí, haces que parezca que el problema está en mí”.
“Cuando puedo hago activismo, es el único hábito que consigo mantener. Soy asexual. La asexualidad es un espectro, hay muchas orientaciones dentro. Yo siento atracción sexual pero a efectos prácticos es como si no. Te sé diferenciar quién me atrae y quién no, pero la persona que me despierta la atracción me la despierta poco. Me apetecería mantener relaciones con esta persona pero a baja intensidad. Son cosas bastante abstractas de las que no nos han hablado nunca y cuesta entenderlo y asimilarlo. La gente se hace un pitote. No se nos toma en serio”.
“Hay que conocer las disidencias de cada persona para ver de dónde partimos cada una, cada uno o cada une. Tengo un ex que dice que la asexualidad se cura con cinco minutos de terapia… Ahora tengo una pareja asexual y es verdad que nos entendemos más. Al final es encontrar una persona que encaje contigo”.
Sufrimiento ajeno
“Las agresiones sexuales que he sufrido tienen que ver con ser asexual y con las neurodivergencias. Piensas esto tiene que funcionar, es mi responsabilidad y aceptas muchas cosas. Con las neurodivergencias tú disocias y hay red flags (señales) que dejas de sentir y aceptas más. Disociar es estar plana, dejar de sentir las emociones que te alegran y también lo malo. Dejas de saber quién eres, qué eres, qué te apetece. Dejas de ser feliz. Pensamientos suicidas. En el instituto se reían de mí, te sientes un bicho raro y no sabes por qué no encajas. En esa época disociaba a full (a tope). Creo que dentro de una clase se tiene que intentar que haya una convivencia y prevenir. No críes a tu hijo siendo un intolerante. Enseña el respeto”.
“Lo que me han traído de positivo los diagnósticos es saber cómo funcionas, que el problema no eres tú y encontrar una comunidad. Es necesario que se hable más de salud mental, pero también es necesario entender que un psicólogo no te va a solucionar todos los problemas que te pone el sistema. Aun así, hacen faltan más psicólogos en la pública, necesitamos que sea universal”.
“Salud mental es estar todo lo bien que se puede. Estar todo el mundo perfecto es una utopía, pero que aunque tengas unas dificultades en el día a día, puedas estar lo mejor posible. La salud mental es un proceso más que una meta”.
“Amor es querer y cuidar a las personas, relacionarte de manera sana con ellas. Relacionarte de la mejor manera posible con la gente. He aprendido que hay que tener paciencia y respeto por la gente. Y amor. Necesitamos vivir en un mundo menos individualista donde el sufrimiento ajeno no nos resulte indiferente. Yo me preocupo por ti y tú por mí. Resistir juntes”.
“Necesitaría que me entendierais y tuvierais paciencia, que sé que a veces es complicado si no entiendes por qué me pasan las cosas. Que me vierais entendiendo las dificultades que tengo, mi contexto: con las cosas buenas y malas. Las personas con TDAH no somos solo unas siglas, tenemos un día a día, unas complejidades, somos gente, tenemos ganas de hacer cosas”.
“Afronto la vida como puedo, sobreviviendo. Necesito poder funcionar mínimamente y que no me exijan mucho. La vida siempre me exige más de lo que puedo”.
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