Zapatillas deportivas compradas en Italia, abrigo comprado en Bosnia y jersey y camisa en Francia. Asà aparece vestido Lori. Son algunas de las huellas de un largo viaje. Antes de empezar se disculpa porque no habla inglés muy bien, “no es bueno porque no lo he aprendido en la escuela, no lo he estudiadoâ€. Está un poco preocupado por si no nos entendemos. No domina el idioma, pero durante horas de conversación no hemos tenido que mirar el diccionario. La realidad es que se siente comodÃsimo hablando inglés, le sucede lo mismo cuando intercala alguna palabra en español, idioma que está aprendiendo. Es un narrador excelente y el idioma no es una traba.
Lori tiene 24 años y es de Pakistán. Lori no es su nombre real. Ha pedido asilo en España y su abogada ha recomendado que permanezca en el anonimato. No habrá fotos tampoco de la sonrisa y los ojos de Lori. Tiene una sonrisa cautivadora y unos ojos con una chispa vital contagiosa. Lori es un tipo muy expresivo. Tiene una voz ligeramente ronca. También tiene unas manos bonitas que mueve sin parar mientras habla. Todo él se mueve sin parar. Recrea situaciones, conversaciones, posturas, rÃe, rÃe, rÃe, rÃe y hace aspavientos de todo tipo. No sé si siempre habrá sido asà o tener que lidiar con tantos idiomas desconocidos lo habrá llevado a desarrollar ese amplio lenguaje corporal.
TodavÃa no estoy acostumbrada a sus gestos y uno de ellos me despista.
–¿Tienes sueño?
–No, estoy pensando en mi vida, en mi historia –y suelta una de sus sonrisas.
TodavÃa no sé lo que se avecina cuando dice que está pensando en su vida… Lori es un narrador fantástico no solo por la pasión que pone a sus palabras, sino porque recuerda una cantidad ingente de detalles. Da la sensación de que lo recuerda absolutamente todo. Tiene una memoria espectacular que le sirve cada vez que tiene que aprender un idioma nuevo.
Lori cuenta su vida como si se tratara de una pelÃcula. A pesar de los episodios duros, al oÃrlo tienes la sensación de que estás oyendo a un niño pequeño contándote sus hazañas o a un aventurero de hace siglos. Hay cierto orgullo en lo que cuenta, disfruta con la narración. Como si tratara de decirte: mira, todo esto lo he vivido yo. Habla con calma, pero sin parar. En ningún momento pierde el hilo, se entristece o titubea. No, lo recuerda y lo quiere contar todo. Es imposible pararlo.
Vida en Lahore
“Soy de Lahore, Pakistán. Mi vida allà era muy buena. Tengo cuatro hermanos, yo soy el pequeño, el mayor tiene 40â€. Lori abandonó el colegio en 2005, cuando tenÃa unos 11 o 12 años. “No tenÃa problemas de dinero, mi padre trabajaba, mis hermanos también. Solo que no me gustaba y lo dejéâ€. A Lori le encantan “los coches y las máquinas, por eso querÃa ser mecánico de cochesâ€. Asà que entró en una escuela para formarse durante cuatro años. En ese tiempo hizo prácticas con marcas de coches europeos, “por eso quise venir a Europa, pero entonces era como un sueño†más bien irrealizable.
Lori terminó su formación y consiguió su diploma que lo acreditaba como mecánico, lo que le posibilitó trabajar en Honda. “No me gustó y lo dejé. HabÃa trabajado cuatro años de prácticas sin cobrar y en Honda el sueldo era muy bajo, asà que me fuiâ€. Lori se centró en montar un negocio. Visitó un mercado que hay cerca de su casa “y hablé con varios amigos que tenÃan tiendas para que me informaran. Yo tenÃa 15.000 rupias, como 100 euros. Me hice con un puesto y empecé a vender bolsos en el mercado. AbrÃa 14 horas todos los dÃas de la semana. Sin vacaciones. AbrÃa de 9 de la mañana a 11 de la nocheâ€, cuenta mientras abre mucho los ojos. “Seis meses después tenÃa 60.000 rupiasâ€, dice orgulloso.
Era un puesto pequeñito y le ofrecieron comprar una tienda de ropa que estaba al lado, y asà lo hizo. “Iba bien y contraté a gente: mi primo y dos tipos másâ€, dice con una sonrisa. Añadió ropa de mujer y de hombre, “vaqueros, pantalones cortos, de todoâ€. Iba todo “veeeeery goodâ€. El negocio seguÃa creciendo y Lori convenció a uno de sus hermanos, que es enfermero, para que dejara el hospital y se fuera a trabajar con él.
Nace el espÃritu aventurero y las cosas se tuercen en Lahore
“Empecé en 2013 con las tiendas. Fueron dos años muy buenos de negocio. ¡Eeeehhh, no has apuntado la fecha que te acabo de decir!â€. SÃ, Lori está pendiente de todo. No sigue hasta que apunto 2013. Ni que decir tiene que es muy bueno para las fechas, para él los detalles son importantes. “Como estaba mi hermano trabajando conmigo, aproveché en septiembre de 2015 y me fui un mes a Dubai para descansar y hacer negocios. Yo querÃa ir a otros paÃsesâ€. Pero Dubai fue un chasco, “me encontré a 12 o 15 personas durmiendo juntas en una habitación enana –extiende los brazos y mira alrededor señalando un espacio muy pequeño equivalente a las habitaciones que habÃa visto– porque aquello es carÃsimo. Los sueldos son bajÃsimos, asà que me volvÃâ€.
“TenÃa una buena vida en Lahoreâ€. Hasta que hubo una explosión cerca de un zoo, “murió mucha gente y muchos heridosâ€. Al dÃa siguiente habÃa huelga, “pero yo no lo sabÃa, asà que abrà las tiendas como siempre. Vino mucha gente de la huelga y me rompieron cosas de las tiendas. VenÃan con palos, entonces yo le quité el palo a uno y lo golpeéâ€, hace el gesto con los brazos como si bateara. “Le rompà una pierna. Uaaaaaa… Entonces alguien incendió las tiendas y me las quemaron. Muy mal. Estuve tres dÃas en casa sin salir de mi cuartoâ€. Cuando Lori hizo ánimo y salió, se encontró en la calle con el tipo al que habÃa roto la pierna. “VenÃa con unos amigos y familiares a pegarme. Me dijeron que me querÃan romper las piernasâ€, dice con una sonrisa traviesa como si la cosa no fuera con él.
Lori se fue a casa de sus abuelos maternos, a “Multan, a 350 kilómetros de Lahoreâ€. A los tres meses estaba de vuelta en su casa y “me volvà a encontrar con el tÃo de la pierna rota y otra vez problemas. Asà que decidà que me iba a Europa, decidà dejar mi paÃs, empezar mi viajeâ€.

No fue una decisión fácil. “TenÃa mucha presión porque sabÃa que era muy difÃcil, sabÃa que habÃa gente que morÃa en el viaje, pero después de pensarlo mucho decidà hacerlo. Mi familia es muy grande, pero todos están en Pakistán. Yo soy el único que se ha ido del paÃs. Cuando dije que me iba mi familia me decÃa que estaba loco, que por qué me querÃa ir, que era muy difÃcilâ€. Lori trató de hacer el viaje legalmente, “pedà visado a Italia varias veces y siempre me lo denegaron. Por eso salà de manera ilegal de Pakistánâ€.
El gran viaje, la aventura que todavÃa sigue
Lori recuerda prácticamente todos los lugares por los que ha pasado, por pequeños que sean, asà como la duración de los trayectos. También recuerda la marca de muchos de los coches y camionetas en los que subió. Su viaje comenzó en noviembre de 2016 con un billete de tren que en 24 horas lo llevó a la frontera con Irán. “Estuve una noche de hotel con más gente y pagué 5.000 euros para que me llevaran hasta Grecia atravesando Irán y TurquÃa. Ok, deal is done –trato hecho–â€. Subieron a Lori junto a unas 30 personas en la parte trasera de una ranchera Toyota. “Ahà metidos como animales 24 o 26 horas. Aaaaah, muy difÃcil, iba muy rápido, estaba lleno de baches, Ãbamos botandoâ€, botes que escenifica ahora como si estuviera en una atracción de feria con sonido incluido. Tras pasar la frontera cortando unos alambres, Lori hizo su primera etapa andando: ocho horas para adentrarse en Irán. Después llegaron más coches y rancheras. Uno de esos coches fue un Peugeot. “Ãbamos 10 u 11 allà metidos a 200 kilómetros por hora, 4 tenÃan que ir en el maletero, cada vez te tocaba un sitioâ€, y despliega su maravillosa sonrisa. En momentos asà da la sensación de que Lori no es un personaje de este mundo. Muestra un disfrute total en su narración, hace que todo sea muy real, pero a la vez tiene la capacidad de quitar importancia a absolutamente todo lo que está contando, como si fuera su rutina habitual y la de cualquier mortal.
“Asà llegamos a Teherán y nos metieron a 100 personas en un contenedor en un camión con un agujero arriba porque tenÃamos problemas de oxÃgeno, ya sabesâ€, sonrÃe mientras señala un aire acondicionado que tenemos justo encima de nuestras cabezas y que tiene un tamaño similar al agujero del contenedor. Tras 12 horas de viaje en contenedor llegaron a la frontera con TurquÃa. “De ahà fuimos andando por las montañas. Muy grandes las montañas. Very, very, very, very big mountains. Cuatro o cinco murieron. Y los dejamos allÃ. Era imposible llevarlosâ€.
–¿Y tú qué sentÃas al ver morir a gente?
–Yo cerraba los ojos y me imaginaba que estaba en mi casa, en Lahore.
Tras 18 horas de travesÃa a pie “pagué 2.500 euros a la mafia porque todavÃa no habÃa pagado nadaâ€. Después, 24 horas de viaje en autobús a Estambul, tres dÃas de estancia y formación de un grupo de 30 o 35 personas para pasar la frontera con Grecia por el rÃo Maritsa “en un bote de aire, fueron unos 30 minutos de viajeâ€. Nada más salir del rÃo se encontraron con un very very very very hugh forest –un bosque enorme–. “Aaaaah, habÃa mosquitos, ay, ay, ayâ€, exclama mientras hace como si le estuvieran picando ahora mismo en los brazos. Se rÃe divertido con su escenificación antes de proseguir. “10 horas de bosque y luego una furgoneta hasta llegar a Salónica. Allà pagué los 2.500 euros que me faltaban del viaje y ya me podÃa ir donde quisieraâ€.
Grecia, ¿pero esto es Europa?
“Me sentà solo. Dónde voy a dormir, dónde voy a irâ€. En el viaje en grupo hasta allà habÃa coincidido con un pakistanÃ. Como estaban solos decidieron juntarse para proseguir rumbo a Atenas. Negociaron con un coche particular y cerraron el precio para que los llevara a Atenas.
–Y nos secuestró.
–¿Perdón?
–Nos secuestró. Nos llevó a una casa en las montañas y nos pidió dinero, 3.500 euros a cada uno.
El compañero de Lori abandonó antes que él el lugar porque su familia consiguió reunir primero el dinero y enviarlo. “Mi familia tardó más, por eso yo me fui el último. El secuestrador llamó por teléfono a mi familia para pedirles el dinero y les dijo que si no se lo daban, me iba a matar. Me pegó muchÃsimo. Muy mal†y sorprendentemente vuelve a sonreÃr. “Estuve dos dÃas, hasta que mi familia mandó el dinero por Western Union y me fuiâ€. Por culpa de las palizas que le dio el secuestrador “tengo problemas en la pierna izquierda, en la zona de la rodillaâ€. Se cruza de piernas poniendo la izquierda por encima y dice que asà no aguanta mucho tiempo porque le duele, “pero no sé qué tengo. A veces me duele muchÃsimoâ€.

Tras el secuestro Lori se fue a Atenas. Poco tiempo después se trasladó a Patras porque un conocido de su primo vivÃa allà y le podÃa dar trabajo y alojamiento. “Cuando llegué y vi aquello… era como una granja… Y yo pensando, ¿esto es Europa? Uuuuuhâ€, hace que llora para después soltar una carcajada. “Sin camas, ni duchas, nada. Y hacÃa mucho frÃo, era enero de 2017. Estuve allà seis o siete dÃas hasta que me dejaron irme. He dejado una ciudad y ¡yo no sé nada del trabajo en el campo! Me decÃan que a trabajar. Cogiendo aceitunas todo el dÃa. DormÃa en el suelo con una manta muy pequeña. TenÃa que elegir, o me tapaba la cabeza o los pies, asà que los pies siempre se me quedaban fueraâ€, hace como si se tapara la cabeza y se rÃe. “Me pagó 86 euros por seis dÃas de trabajo. Trabajaba todo el dÃa y solo te daban una comida por la noche».
Lori volvió a Atenas donde vivió 18 meses alquilado en casa de un señor de Pakistán al que acababa de conocer. “Yo estaba ilegal en Greciaâ€, asà que era difÃcil trabajar, pero finalmente fue consiguiendo trabajos en distintos lugares, incluso de mecánico. Aprendió griego, lo que le ayudó en el mundo laboral. Lo que no hubo manera fue de conseguir los papeles, “era muy difÃcilâ€.
Mientras apunto veo que Lori saca la lengua y hace carantoñas a un bebé que hay en una mesa cercana. “Me encantan los niñosâ€, dice divertido.
En su ir y venir por Atenas, Lori recaló en Legal Assessment Team, una asesorÃa jurÃdica de ayuda a refugiados que llevaban unos españoles. “¡Allà conocà a mis amigos de España! BuenÃsimas personas, me cuidaron muchÃsimoâ€. Lori habÃa salido de Pakistán con estos conocimientos de inglés: How are you? Where are you? Who are you? Y la respuesta a cada una de esas tres preguntas. “Mis amigos españoles me ayudaron a aprender inglés. Yo solo hablaba urdu, algo de pastún y panyabi de India. Mi inglés iba mejorando con ellos y trabajé cuatro meses para la asesorÃa de traductorâ€.
Sick of Waiting
El 13 de septiembre de 2017 su vida cambió. A través de sus amigos españoles se unió al movimiento ciudadano Sick of Waiting para reclamar a los gobiernos europeos que cumplieran con sus compromisos de acogida de refugiados. Sick of Waiting montó una gran movilización de protesta en Atenas y en otras ciudades europeas como Madrid. Lori participó en la de Atenas donde dio un discurso en urdu megáfono en mano. “Yo estaba encantado de poder hablarâ€.

Como Sick of Waiting nació por iniciativa española, muchos españoles fueron a la gran movilización de Atenas. Asà que Lori siguió sumando amigos a los que ya tenÃa. Habla de todos ellos con pasión y emoción. Recuerda los nombres de todo el mundo, lo que habló con ellos, de qué ciudad de España es cada uno. Insiste en que solo se vieron tres dÃas –los cuenta uno por uno con los dedos de la mano– y que en un tiempo tan escaso se portaron con él maravillosamente. Todos buscaban la mejor manera de ayudarlo. Varios le prestaron dinero “y casi no me conocÃan. Creo que me dejaron ese dinero porque confiaban en mÃ. No me lo puedo creer todavÃaâ€. Lori cautivó con su magnetismo a los españoles, pero el sentimiento habÃa sido mutuo. “En Grecia conocà a gente de muchos paÃses pero decidà venir a España porque la gente de aquà es loving –cariñosa–. La forma de ser de la gente dice mucho de la reputación de un paÃsâ€, defiende emocionado. “En Alemania hay más trabajo de lo mÃo pero yo quiero estar aquà por mis amigos españolesâ€.
Estaba decidido, Lori tenÃa que encontrar la manera de venir a España. Con el dinero que le dieron se hizo un pasaporte falso “e intenté venir en avión, pero me pillaron. Me tenÃan todo preparado aquÃ, me esperaban mis amigos, pero no lleguéâ€.
El tipo que fue feliz en la cárcel
HabÃa perdido el dinero y su oportunidad de venir a España, asà que Lori siguió con su vida en Atenas. Un dÃa cuando salió de trabajar lo detuvo la policÃa. “Como no tenÃa documentos legales, me metieron en la cárcel tres meses. Fue una buena experienciaâ€, se rÃe. IncreÃble pero cierto. “Dentro de la cárcel solo estaba yo de traductor. Todos venÃan a mÃ. Me pasaba el dÃa en la oficina del médico traduciendoâ€. Se acuerda del nombre de las enfermeras, del médico, de todo el mundo, “todos eran mis amigos. Me arreglaron los dientes ¡gratis! y eso vale mucho dineroâ€, me enseña sus estupendos y blancos dientes delanteros que se habÃa partido cuando era niño en Pakistán. “Súper agradecido al doctor y las enfermeras de prisión. Me ayudaron muchoâ€.
Pregunta cómo se dice cárcel en español. A veces lo hace y cuando oye la palabra la repite hasta que suena totalmente natural, como si llevara toda la vida diciéndola. En ocasiones compara la palabra que acaba de aprender con cómo se dice en griego o inglés. “Yo estuve en la cárcel –lo dice en español– tres meses en vez de seis porque todo el mundo habló bien de mÃâ€. Es inevitable sentir que para Lori la vida parece ser un juego, una gran aventura de principio a fin. Transmite felicidad y entusiasmo, se siente un tÃo afortunado pase lo que pase.
Volvió a trabajar en Atenas, pero a los seis meses decidió que ya estaba bien, que tenÃa que volver a intentar llegar a España. “Starting trip otra vezâ€, dice en spanglish –empezar el viaje otra vez–.
El camino de Los Balcanes
“Decidà ir por mà mismo, no querÃa ir con más gente, no querÃa correr riesgos y que me pillaran. Además Google Maps funciona muy bien. Salà de Atenas el 14 de septiembre de 2018. Fui a Jánina, allà tomé café –sÃ, Lori también recuerda lo que ha tomado en cada sitio– y luego 70 kilómetros andando hasta Albania. Llegué a Kakaviaâ€, donde pagó cuatro euros a la policÃa para que le dejara pasar. Allà un tipo se ofreció a llevarlo a Tirana a él y a otro por 200 euros. “Dijimos que sÃâ€.
–¿Después del secuestro en Grecia dijiste que s�
–TenÃa miedo porque ahora ya sabÃa lo que podÃa pasar, antes de lo de Grecia no sabÃa que te podÃan secuestrar, pero ahora sà lo sabÃa.

Aun asà pagaron y se montaron. Luego 75 euros en taxi hasta llegar a la frontera donde pagó 50 euros a la policÃa albana que le dio el alto. “Después de eso andando 40 o 45 kilómetros sin luz hasta la capital, Podgorica, por túneles de trenes». En Podgorica se quedó una semana para descansar. “Allà nos juntamos 30 para ir a la frontera. LlovÃa, hacÃa mucho frÃo, pero mucho frÃo. Era octubre. Nos pasamos toda la noche en el bosque. Todos tiritábamosâ€, ahora tirita mientras se abraza a sà mismo, se rÃe e imita el ruido de una tiritona. “Volvimos otra vez a Podgorica a un campo de refugiados. Allà tomamos medicinasâ€. De allà Lori se fue a un hotel a la frontera, “por 15 euros la nocheâ€, en Pljevlja. “La policÃa se ofreció a pasarnos ilegalmenteâ€. Obviamente recuerda el nombre de los dos policÃas, “¡ahora los tengo en Facebook! Me dijeron que 300 euros por persona por pasar en taxi hasta Sarajevo, sin andar. Yo avisé a la gente y les dije que 350 euros, y asà yo ganaba 50 euros por persona. Pasaron 10 mientras yo seguÃa en Montenegro. Cuando fui a pasar yo, la policÃa tuvo un problema con el ejército y me quedé sin poder pasar, el único†y se rÃe. “Asà que tuve que ir andando 91 kilómetros hasta Sarajevoâ€.
“El campo de refugiados de Sarajevo es horrible. La gente vivÃa debajo de plásticos. HacÃa muchÃsimo frÃo. Yo me fui a un hotel por 20 euros la noche. En el campo la gente vivÃa muy mal. No habÃa duchas. Colas de dos horas para comerâ€. Desde Sarajevo fue en tren a Bihac, en la frontera con Croacia. “Desde allà andando hasta la frontera. Después 320 kilómetros andando por bosques y montañas hasta Italiaâ€. Pasó brevemente por Eslovenia y llegó a Trieste. “DormÃa al aire libre en saco de dormir. DormÃa por la mañana y caminaba de nocheâ€. Once dÃas tardó en llegar a Italia, donde lo detuvo la policÃa “otra vezâ€, se rÃe, “me han detenido muchas vecesâ€. Finalmente “la policÃa me dejó ir porque dije que no me querÃa quedar en Italia, que yo iba a Españaâ€.
En Italia Lori descansó en casa de un amigo que tenÃa en TurÃn. “Me dolÃan mucho los pies, andaba como un zombiâ€, imita el sonido y andares de los zombis. “Con la pierna mala iba andando como si la tuviera rotaâ€. Cuando se recuperó cogió un autobús hasta Estrasburgo y de allà a ParÃs. “Pasé por sitios tan bonitos como la ciudad de Como, que significa how en inglésâ€.
El mapa de marquitas azules
Lori ya habÃa dicho que sabÃa que Google Maps funciona bien. Como tenÃa intención de hacer el viaje solo, elaboró un mapa él mismo. Lori recupera el mapa en su móvil y me lo enseña. Es enorme, abarca todos los paÃses por los que pasó en su peregrinar. “Mira, mira, miraâ€, Lori amplÃa y reduce, mueve los dedos para mostrarme todos los lugares por los que pasó. Iba poniendo los pins –marquitas azules– de su camino. Asà que el mapa ahora es un largo camino de marquitas azules muy juntas que señalan lo que hizo Lori para venir desde Grecia a España. “Iba marcando la ruta que iba siguiendo. Mucha gente querÃa venir conmigo por mi mapa, pero yo no querÃa, preferÃa ir solo. Uno me ofreció 500 euros por ir conmigo a Italia desde Bosnia. Yo le dije que no, pero como lo que querÃa era mi mapa, le dije que se lo daba, que lo compartÃa con él para que lo tuviera tambiénâ€.

Tardó una semana en hacer el mapa. Lo hacÃa cada noche. Como durante el viaje no tenÃa internet, se descargaba los mapas de los paÃses por los que iba a pasar. Asà podÃa consultarlos sin conexión. Luego iba poniendo sus marquitas azules en cada punto hasta crear el mapa que me enseña hoy. “Desde pequeño creo que soy muy bueno con los caminosâ€. En su viaje desde Grecia “solo me perdà una vez, por eso la gente querÃa venir conmigo y por el mapaâ€, se rÃe.
Si el mapa fue indispensable en el viaje de Lori, también lo fueron los mensajes de ánimo que recibÃa de sus amigos españoles a los que les iba contando sus avatares por el camino. La llegada a ParÃs fue la locura, Lori se hacÃa selfis –ahora simula autofotografiarse divertido– para enviar las fotos a sus amigos españoles con textos como: “¡Mira, Lori en ParÃs, uauuuu!â€, se rÃe a carcajadas.
Llegada a España
ParÃs fue la última etapa. Allà estuvo 12 dÃas hasta que inició su viaje en autobús hasta Bilbao. “En Irún –llegó el 16 de noviembre de 2018– habÃa un control de la policÃa… otra vezâ€, se rÃe, “y yo sin papeles… me volvieron a pillarâ€. Como lo pillaron no llegó a tiempo a Bilbao para pasar la noche. “No tengo palabras, mejor te lo enseñoâ€. Lori vuelve a sacar el móvil y me enseña una foto en la que aparece una cama, una foto de una familia y un letrero que pone «Wellcome!!». Era la casa en la que lo esperaban en Bilbao para pasar su primera noche en España. Para él esta foto es una muestra de cómo son los españoles. La foto explica porqué querÃa venir aquà y no paró hasta conseguirlo. “Mucha gente viene a España, pero no como yo, no way –de ninguna manera–â€.
En Irún “me pusieron un abogado y me dejaron irâ€. De allà llegó por fin a Bilbao y después lo trajo un amigo en coche a Madrid, donde vive ahora. “Muy mal, no me gusta. Dije que querÃa pedir asilo en noviembre y me han dado cita para marzo –que será cuando haga la solicitud oficial–. ¿Qué es esto? La gente está muy bien en España pero el sistema es muy muy muy maloâ€. Vive en un albergue para personas sin hogar. “Al llegar vivà en casas de amigos y luego aquÃ. No me gusta, no es cómodo, estamos cuatro personas por habitaciónâ€.
En 2018 en España se hicieron 54.065 peticiones de asilo, según CEAR. Durante ese año se resolvieron 11.875 peticiones, de las cuales 8.980 fueron desfavorables y 2.895 favorables.

Lori ahora está aprendiendo español, vuelve a enseñarme el móvil porque muchos colegas españoles le dan clase por WhatsApp. Tiene audios con explicaciones gramaticales, textos con conjugaciones, etc. “Tengo muchos profesores, aprendo con mi teléfonoâ€, se rÃe. Oficialmente da clases de español martes y miércoles, una hora cada dÃa, pero la profesora no habla inglés, asà que no la entiende cuando explica las cosas. Afortunadamente para él los idiomas son lo suyo. Pregunta dudas sin parar y comenta cosas que le llaman la atención como que pronunciemos la be y la uve igual. También dice que hablamos muy rápido, “sobre todo las chicasâ€.
“Ahora mi vida no está bien. No tengo casa, no tengo trabajoâ€. Está en proceso de adquisición del permiso de trabajo, pero no se lo han dado. “Hay gente que me ha ofrecido trabajo, pero como no tengo el permiso, pues nada. Mi familia quiere que vuelva, pero yo no quiero. Quiero volver pero a visitarlos, pero no hasta que tenga los papeles, porque yo quiero volver luego a Españaâ€. Lori no recibe ayuda económica, consigue algo de dinero vendiendo cosas en Wallapop. Sus amigos le regalan de todo para que pueda venderlo en esta web de ventas. “Saco 200 o 300 euros al mesâ€.
Lori lo tiene claro: “Mira, necesito un trabajo, necesito mucho dinero porque quiero montar un negocio. En Pakistán hay muchos problemas y yo quiero ayudar a mucha gente como mi hermano mayor, que no ve bien, le ha salido un problema en la vista, tiene cinco hijos y ahora no puede trabajar. También quiero ayudar a un primo mÃo que es adicto a las drogas. Solo quiero tener dinero para ayudar a la genteâ€.
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Belen Blanco
Ojala Lori consiga su sueño… un luchador y aventurero con muchas ganas de triunfar! Suerte lori!!!
Adalberto Mtz Solaesa
MagnÃfico e impresionante relato de la peripecia vital de este aguerrido muchacho paquistanÃ. ¿Cómo se puede sufrir tanto sin perder la sonrisa y la esperanza?
Patri
Qué riquiño nuestro LorÃ, ojalá se pueda quedar en España, entusiasmo no le falta y en la entrevista se refleja de maravilla. Qué gusto leer la historia de Lorà de una forma tan respetuosa y bonita! Winnita, tienes un don y lo sabes!
Winnie
¡Gracias!
Cardi
El artÃculo transmite felicidad y entusiasmo pese a las duras vicisitudes que ha pasado Lori. DeberÃamos de aprender un poco más de él, que pese a los reveses se siente afortunado. Gracias Winnie por acercarnos a realidades que desconocemos y tenemos tan cerca.
Winnie
¡Mil gracias!